Las cosas importantes en la trayectoria de una persona normalmente no vienen en el corto plazo, y en este sentido creemos que de hecho, no hay atajos.

  • Paciencia & visión a largo plazo: Pensar a largo plazo hace que las personas, los alumnos, tomen decisiones más acertadas potenciando el autocontrol y evitando los atajos que normalmente no conducen sino a la satisfacción inmediata pero a la decepción consecuente.
  • Renunciar a una recompensa inmediata, en detrimento de otra mejor en el futuro. No requiere una fuerza adicional de voluntad si no, por el contrario, una formulación adecuada de las opciones que hay.
  • La elección apresurada de una opción universitaria o de formación puede lastrar la vida de una persona, un decisión apresurada o con urgencias, o una estrategia donde el corto plazo prevalezca sobre el largo plazo puede ser una apuesta que comporte efectos colaterales muy importantes.
  • Es fundamental la perspectiva del tiempo, es decir, la capacidad de una persona para proyectarse hacia el futuro al tomar decisiones en el presente.
  • No perder el foco en las acciones dirigidas al gran objetivo. Saber por qué lo hacemos es esencial. Saber que hay acciones en el corto plazo que ayudan a la consecución de las de largo plazo. Saber encontrar el equilibrio entre los pequeños hitos y las grandes consecuciones es fundamental para pasar de acciones aisladas al impacto en nuestra vida personal y en sociedad.
  • No se trata de no vivir el proceso, al contrario, hemos de vivir cada paso que damos y que hacemos de acuerdo con nuestras convicciones. Pero tenemos que ser capaces de controlar las emociones, ya que podemos erosionar hasta el propósito más firme. Hemos de aceptar cada fracaso como una base para a la mejora. Cuando sabemos ser positivos e ir agregando experiencias y conocimientos. Mejor poco a poco en el corto plazo para tener un resultado mucho más ambicioso en el largo plazo.
  • Para eso es importante saber definir nuestros objetivos en cada tramo, tener nuestro mapa personal para no perder la orientación. Como dice Peter Druker la planificación a largo plazo no es pensar en decisiones futuras, sino en el futuro de las decisiones presentes”.
  • Aclarar los itinerarios. Una vez sabemos lo que queremos conseguir en cada etapa, hace falta desarrollar planes específicos. Saber y tener autoconocimiento de lo que somos y queremos hacer. Y por eso hace falta establecer prioridades. No podemos atender objetivos secundarios y pasar por alto los que son principales.
  • Tenemos que saber imaginar escenarios diferentes, también preveer los peores escenarios. En todo plan a largo plazo surgirán contratiempos que pueden frenar, salvo que los hayamos previsto y estemos preparados para afrontarlos.
  • El punto de equilibrio entre los hechos de corto, de medio, y de largo plazo, solo se consolida con el trabajo persistente, con la disciplina y el método que nos ayude a continuar. Visión, o con la nuestra misión, o con nuestra vocación controlando circunstancias inútiles, distracciones excesivas, o esperanzas infructuosas como el azar. Ya se sabe aquella famosa sentencia de Thomas Jefferson cuando dijo: “Creo bastante en la suerte. Y he constatado que, cuanto más duramente trabajo, más suerte tengo”.